Fast fashion: de tu armario al basurero
Sabemos que nuestras acciones cotidianas tienen consecuencias ambientales en mayor o menor medida. Cada vez hay más iniciativas pensadas a favor del ambiente y, sobre todo, personas preocupadas por reducir su impacto diario.
Sin duda, hay cosas que podrían eliminarse o sustituirse para disminuir la contaminación. No obstante, sería difícil pensar, por ejemplo, en un mundo sin ropa ni textiles. Prácticamente, no hay forma de eliminar este insumo en ninguna parte del mundo.
Eso no significa, por supuesto, que no podamos transitar a un consumo responsable en el que reduzcamos nuestra adquisición de ropa, en función de su durabilidad y calidad, y no con base en tendencias innecesarias. Esto implica no elegir la fast fashion, optar por marcas sustentables y locales, además de reparar, reutilizar y renovar lo que ya tenemos.
Por eso, vale la pena conocer a qué nos referimos cuando se habla de fast fashion y cuál es su impacto ambiental. De esta forma, estarás más consciente de lo que adquieres. Si te interesa que los gobiernos diseñen medidas para que todas y todos podamos consumir menos y mejor.
¿Qué es fast fashion?
El concepto de fast fashion, o moda rápida, se refiere a los grandes volúmenes de ropa producidos por la industria de la moda, en función de las tendencias y una necesidad inventada de innovación, lo que contribuye a poner en el mercado millones de prendas y fomentar en los consumidores una sustitución acelerada de su inventario personal.
La fast fashion provoca que se introduzcan al mercado muchas colecciones de ropa “en tendencia”, durante lapsos breves. Así, se sigue este modelo de producción donde se fabrican prendas con materiales de baja calidad para asegurar un precio barato, por lo que incluso podríamos hablar de ropa prácticamente desechable. Además, su velocidad de manufactura repercute en su escasa durabilidad.
Para cumplir con los plazos que la fast fashion ha impuesto, la producción de las prendas se realiza en países que tienen condiciones laborales precarias, generalmente en el sur de Asia, como pueden ser: Bangladesh, India, Camboya, Indonesia, Malasia, Sri Lanka y China.
Las pésimas condiciones de trabajo, incluido un salario mísero, representan un problema ético y un claro ejemplo de explotación, así como un atentado a los derechos humanos, en los que se encuentra también la explotación laboral infantil y el trabajo forzado.
El consumismo es uno de los mayores responsables de la proliferación de este tipo de prácticas. Una de las consecuencias de esto es la producción en masa, en contraste con el tiempo de utilización de la ropa, que es muy corto.
¡Actuemos contra la fast fashion!
En la actualidad, se cuentan con muchos estudios que arrojan evidencia del impacto ambiental que tiene la industria de la moda, acelerada con la fast fashion. ¿Qué podemos hacer ante esto?
En el reporte A New Textiles Economy se señala que el sistema lineal de producción es lo que causa un consumo desmedido de recursos y el gran número de consecuencias negativas en el ambiente.
Por ello, a nivel industrial, lo que propone la Fundación Ellen MacArthur es un modelo circular (ya no lineal) de producción, basado en cuatro ejes fundamentales:
- Dejar de usar sustancias peligrosas en la producción y reducir los materiales que despidan microfibras.
- Aumentar la durabilidad de la ropa para reducir la pronta obsolescencia y sustitución acelerada de las prendas.
- Mejorar de forma radical el reciclaje, algo que puede lograrse desde el diseño de modas o el incentivo de uso de materiales tanto reciclables como reciclados.
- Volver más efectivo el uso de los recursos y transitar hacia energías y materiales renovables en la producción de ropa.

¿Que marcas de ropa recomendarían para no seguir impulsando el fast fashion?
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